LA ORACIÓN EN EL HUERTO

Y se fue con su gente desarmada,
hombre de paz en medio de una guerra,
rayo de luz en una extraña noche.

Todos estaban, todos menos uno
que andaba en el infierno de la duda,
acosado por odios y por lunas.

Allí estaban perdidos en el miedo
de aquel huerto de sangre preparada,
somnolientos insomnes de aquel día
compartido de raro pan sagrado
y vino de racimos sin aliento;
con sus ropas borrachas de gentío
y sus errantes pies de los caminos
con las espumas de los pies cansados,
con las cabezas tristes del olvido
sobre la fría piedra desgarrada
y la alforja vacía y un mal sueño
en el corazón como un puñal clavado entre las cejas.

“Velad, velad, estad despiertos,
que mi alma está triste hasta la muerte.
Velad conmigo, hermanos,
Seguidme en esta hora, la más triste,
que tengo
como un clavel amargo aquí en el pecho,
como una dura escarcha entre los dientes,
como un mar de ceniza por la sangre.

Velad, velad conmigo, hermanos.
Sobre mi espalda llevo todo el dolor del mundo
en este instante de dolor supremo.
Y no me quejo de ello,
que soy víctima sólo.
Cristal de sangre sola
prisionera en mis huesos.
Y soy ya sólo un viento quejándose en la noche
contra la dura roca de esta angustia sin fondo.
sólo pasión de amor casi suicida.
Ängel no, que he perdido mi piel
por campos y ciudades,
entre turbas de locos y mendigos.

Hombre solo sí soy
Y ahora tanto lo siento
que ya no sé siquiera
si soy hijo de Dios
o sólo hijo de Hombre.
..,.. etc.

De la segunda Antología Poética
Autor Gabriel Albendea